el camino

esta es una reseña de Casi Famosos disfrazada de reseña de El camino


En el 2008 adquirí una televisión 720p. En aquella época, lo recordarán quienes tenían pantallas en alta definición, Azteca 7 HD (tv mexicana) pasaba, en lugar de la basura que acostumbran pasar en el Azteca 7 normal, puros buenos programas. Era como el sueño lívido del televidente de intelecto medio-bajo y era, por mucho, el mejor canal de la televisión nacional, pública y de paga. Películas enteras, en HD, sin interrupciones comerciales, con doblaje latino (habrá quien esté en contra de este último punto. Pues yo no); documentales; ahí vi El Club de la Pelea, Atlantis (bueno, no todas las películas eran muy buenas) y un documental sobre modelos que, con media chichi de fuera, salían posando para fotógrafos que eran entrevistados. Era casi porno en televisión abierta, en HD.

Pues bien, una de esas películas que vi fue Casi Famosos. No puedo decir que fue la primera vez que la vi, pero sí la primera que le preste la atención que merecía.

Casi Famosos es de esas películas que invitan a la emulación. Uno la ve y termina convencido de que el rock ha muerto, de que hay que salir a drogarse con famosos decadentes y que el propósito de la vida es echar guitarrazos. Y nada más lejos del significado de la película, aunque es lo que invite a hacer.

¿Qué es el Rock? Parece que es una constante. ¿De qué se trata el Rock? Lester Bangs le dice a William que el rock ha muerto y “estos tipos lo tomarán, lo estrangularán y le quitarán todo lo que nosotros amamos de él”. Estos tipos son Stillwater, una banda que comenzó como todas, con pasión, y que terminó vendiéndose.

Y es verdad. En las dos horas que dura la cinta, se nos imprime un panorama del Rock de lo más obsoleto, que acaba en escenas tristísimas (el final de un convivio donde Penny Lane se ha ido) y remata en un final resignado. Pero es que el propósito de Crowe, creo, es ese. Él dirige una película que en realidad es su película, y nos deja ver que el rock es subjetivo.

Creo que de eso siempre se trató el Rock, y se ha deformado. ¿Por qué los rockeros de hoy ya no agradan? Todos tratan de ser la banda más pesada, la que suene más rudo, la que toque más notas por segundo o la que haga los acordes más desafinados, y todos quieren ser tan diferentes, que terminan siendo iguales. El rock se ha vuelto masivo no porque las masas se hayan vuelto sofisticadas, sino porque ahora vende todo, menos las cosas que al sistema no le gustan.

No sé si esté bien o mal, pero el rock nunca se trató de eso. ¿A quién le importa si llevas el traje más raro o con más púas? Eso déjenselo al pop. ¿Para qué tocar cuarenta acordes por segundo en una guitarra con “flamitas”? ¿Por qué quieren seriedad, muerte, destrucción, homosexualidad? En el rock no caben etiquetas.

El camino, el disco que adorna esta entrada, no es el camino, tampoco, curiosamente, y no es la quinta esencia que revive al rock. No es el disco definitivo de The Black Keys ni reinventa el panorama. No es divertido, frívolo, ácido ni cáustico. No es, o mejor dicho, no me importa. No le debería importar a nadie. ¿Merece 4 o 4 1/2 estrellas? Merece las que les de la gana.

Sin contratiempos, el camino es Rock. Trata de lo que trata el rock, y no pretende nada más que la indulgencia de la música que se hace con cariño.

El Rock siempre se trató de eso. No de brutalidad, no de miedos ni de contemporaneidad. El Rock era coger una guitarra, tomar una cerveza y cantar canciones para mujeres que no existían, con una voz que tampoco debería existir, pero que salía del cucharón.

El Rock no está muerto; andaba de parranda.


Un idiota no saca a otro idiota

Wristcutters: A Love Story (2006)

Goran Dukic

Imagina que tu vida es mierda tras mierda y llegas al punto donde ya no es suficiente la infantil fantasía desesperada por atención de castigar a todos colgándote con tu sábana o cortándote las venas con una navaja de afeitar de esas que nadie ha visto en unos 18 años. Imagina que después de considerarlo mucho finalmente juntas el valor para quitarte la vida.

Ahora imagina que resulta que si te suicidas, no dejas atrás todos tus malditos problemas, sino que todo sigue igual y de hecho, peor. Te mandan a un lugar que es como un jodido pueblillo en medio de la nada y de todos modos tienes que trabajar como mula, pagar renta y todas las cosas de las que pretendías escapar y ahora ni siquiera tienes la idea del suicidio para seguir adelante con tu existencia de cagada. Eso si que estaría jodido.

Aunque Wristcutters no me gusta del todo y me parece que la historia de amor narrada cae en un lugar tan común que raya en el aburrimiento, definitivamente tiene algo de atractivo que realmente no puedo explicarme. Me gusta que tenga momentos de humor negro, me gusta que salga Tom Waits y me gusta esa idea subyacente de que uno no puede o no debe huir de los problemas, al menos eso entendí yo. En especial de los problemas sentimentales y, para ser específicos, los del amor.

El amor se hace el ciego, no lo es pero se hace. Lo peor es que a veces es idiota y te convierte en uno, atrayéndote a personas que realmente lo son, no por el amor, sino porque son estúpidos. ¿Y qué va a hacer uno? ¿Razonarlo? Por supuesto que no, eso sería igual de idiota.

Supongo que no se puede hacer mucho, más que esperar que pase y que finalmente el cerebro conecte gancho al corazón y te des cuenta de que todas esas tonterías y abusos a manos de una persona estúpida no sólo no valen la pena, sino que da mucha flojera.

Ojala algún día poder tener la madurez de saber que alguien te puede gustar irracionalmente, pero que no eres un idiota y a los primeros signos de estupidez  simplemente te puedes alejar. Tal vez no por eso va a doler menos, pero la dignidad y el respeto propio serán más que suficiente compensación.


el señor lavado de cerebro

¿Qué artistas admiras?

Käthe Kollwitz es mi favorita. En parte porque su estilo de dibujo es hermoso, y en parte porque ella pensaba que ser artista era una mierda egoísta, así que se convirtió en doctora de un orfanato.

No es que el mundo del grafiti sea especialmente rudo (como el de las drogas), pero hay que saber moverse. Hay que encontrar los amigos adecuados, las condiciones de soledad favorables y haber nacido en la ciudad correcta. Londres o Nueva York ayudan.

Si se complen estas condiciones, el grafitero ideal ya va bien encaminado. Lo siguiente que se necesita es mucho tiempo libre, como un desempleado, tanto como para trabajar como para correr de la policía. Eso nos da otro punto. Hay que tener buena condición física. Si no se tiene, porque el grafitero es gordo, por ejemplo, hay que elegir un estilo rápido para que al grafitero le quede tiempo de esconderse. El estilo más rápido del grafiti es el stencil, que no es más que una plantilla que contorneará la pintura inyectada de una lata.

Lo último que necesita el grafitero, aunque quizás lo más importante, es un tema. Hay que recordar, sobre todo, que el grafiti es protesta, así que hay que tomar una actitud en consecuencia: si el grafitero es todavía un escolar, puede rayar las paredes de los baños con inscripciones que digan “el director es fruto” o “yo sí me cojo a susanita”; si viene de trabajar en un supermercado, puede protestar por el alza de precios de las tortillas y el maltrato a las prestaciones de los empleados; si se pasa todo el día viendo la televisión, sería lógico que sus grafitis protestaran contra las noticias cada vez más terrible, el poder de los ricos y el estoicismo del gobierno.

Compilando todos estos puntos, deducimos que Banksy es un hombre gordo, holgazán, londinense, que ha pasado gran parte de su vida viendo televisión y que en algún punto terminó harto de todo aquello. Ahora hace stencil y recorre el mundo estampando su arte. Y bien por él. Tal vez todos deberíamos hacer algo así, ya que ni estamos gordos ni somos holgazanes… un momento…

Exit Through The Gift Shop

Banksy

2010


robots

Durante mis años escolares más primarios, siempre llevé clase de formación cívica y ética. Era monstruosa. La maestra, Lucrecia, nos decía que todo el que no conociera perfectamente la historia y las características minuciosas de la personalidad de cada compañero era porque lo aborrecía. En mi caso esto se cumplía a medias. Conocía a mis compañeros muy bien, pero en efecto, los aborrecía. Sin embargo el hecho de que esta tesis me fuera expuesta cuando menos tres veces a la semana me producía asco.

Pasé estos años sin pena ni gloria. Durante las clases no hice más que incordiar. Una de las constantes era este diálogo.

-Recuerden que todos, absolutamente todos, sin importar su condición, raza ni religión, son iguales-

-¿No se supone que todos somos únicos y especiales?- preguntaba yo

-Es que tú no entiendes, niño.-

-Entonces explíqueme-

-Salte-

Afortunadamente ahora han demolido mi escuela. En su lugar han construido bodegas, médicas, me parece. En fin.

El caso es que esta discusión se me ha repetido innumerables veces dentro de mi mente, más o menos filosóficamente. ¿Somos iguales? Sí, pero ahora sé que la respuesta es “ante la ley”. Y más específicamente “dependiendo del tamaño de tu cuenta corriente, y de tus influencias”. Sin embargo creo que la doctrina de enseñar cívica y ética de este modo es confusa.

Somos únicos, nos dicen. Todos tenemos capacidades diferentes, pero nos tajan con el mismo cuchillo. Eso es trampa. A una compañía que tala un árbol para colocar un anuncio la multan, pero a un indio que tala otro para freír tamales también. No se toman en cuenta las causas, sólo las consecuencias.

La globalización propone uniformidad de criterios. De acuerdo, pero el mundo no es ni nunca ha sido igual. La gente se desplaza como puede y no es tanto porque no quieran subir más, sino porque no tienen los medios. Y sin embargo todos se aligeran a la idea de dejarse llevar en la marea. Como robots.

No hablo de comunismo ni capitalismo, ni ideas del Zeitgeist. Todos los días las acciones que pretendemos llevar a cabo de forma tan natural, que nos confieren un cierto nivel de “humanidad”, son repetitivas. Los grupos de facebook nos han dejado ver un aspecto muy divertido de las redes sociales, que es la de encontrar personas con intereses afines, pero también han dejado al descubierto que las experiencias de la vida humana son limitadas. Por los que dan la vuelta a la almohada para buscar el lado frío. Por los que le dijeron a alguien “te lo dije”. Por los que se uniformaron. Parece que vivimos en un mundo de constantes, como si estuviéramos programados.

No que haya alguien que merece ser castigado, ni conductas reprochables, pero la preconfiguración de nuestro instinto, en todos los niveles, pareciera que nos deja sólo como espectadores. No que haya forma de salirnos, pero parece que hasta la muerte, lo que podemos hacer es ver pasar el paisaje, y mejor disfrutarlo.

Electroma

Daft Punk

2006


Buenos (tradicionales y brutales) Muchachos

Goodfellas (1990)

Martin Scorsese

Adoro las películas de gángsters, en general son uno de mis géneros favoritos y me encantan porque son entretenidas, prácticamente narran toda una historia de vida, presentan conflictos éticos que uno jamás tendrá en la vida (¿Le vuelo la cabeza a éste tipo que conozco de toda la vida?) y porque de uno u otro modo son un reflejo moral de la época y de las personas que empujaron ese límite.

Hay quienes piensan que éste tipo de películas glorifican a los criminales y los rodean de un glamour muy atractivo para mentes impresionables. No puedo hablar en nombre de las mentes impresionables, pero al menos a mi no me parece que sea el caso, ese sería un análisis muy superficial e ingenuo, si tan solo pusieran más atención en la estructura clásica que siguen verían que en realidad son promotoras de valores conservadores en todo caso:

Joven impresionable sigue el camino del crimen a pesar de la oposición de su familia de valores tradicionales, disfruta de los frutos de su actividad ilícita (incluyendo pero no limitados a: Mujeres, autos, drogas, casas, impunidad, ropa, respeto, etc), llega a un punto de conflicto mayúsculo que pone en peligro su vida o la de sus seres queridos y a partir de ahí el desenlace siempre tendrá una buena dosis de tragedia; ya se que el protagonista muera brutalmente o que escape tan sólo para ver cómo asesinan a su familia o para vivir como un miserable, marcado doblemente por el estigma de ser un criminal y un traidor, un soplón sin honor.

Ahora, el análisis que hice antes de éste género como reproductora de valores conservadores es más o menos acertado según mi visión sociológica, pero algo que en especial me gusta de los personajes que logra construir Scorsese es que no son maniqueos, no se trata sólo de matones desalmados y brutales sino de personajes encantadores y carismáticos que constantemente tienen conflictos éticos que enfrentan su educación tradicional con las enseñanzas de la calle, sus relaciones familiares y su relación con la “familia”; el anacrónico código que se supone siguen con lo más ruin y podrido de éstas organizaciones, la lealtad y la traición, etc.

Por supuesto hablo de las películas de mafiosos estadounidenses, un artículo aparte merecen los criminales mexicanos y las películas que han inspirado. Prometo que hablaré de ellos pronto.

Saludos a todos.


Apenas uno termina, empieza de nuevo

Primero que nada una gran disculpa por la ausencia reciente, en especial a mis compañeros del blog, pero últimamente la escuela parece inmune a mi gran esfuerzo por ignorarla sistemáticamente. Haré todo lo posible por que no suceda de nuevo.

Ahora, entrando en materia de cine:

Existe un tipo de películas que es difícil reseñar por más que me gusten, supongo que tiene muchísimo que ver con la gran diferencia entre realidades (Hablo de múltiples realidades porque para mi es prácticamente un hecho: podemos estar en el mismo día, a la misma hora, del mismo año aquí en el DF y en Los Ángeles, donde tiene lugar la película de hoy, pero sería atrevido afirmar que compartimos una misma realidad) y sociedades.

Existen situaciones con la que todo mundo puede relacionarse en la película, en general son temas grandes (Amor, muerte y rutina) envueltos en otro gran conflicto (Problemas de comunicación) y visto a través del lente de pequeños detalles que dotan a nuestra vida de sentido y que, por decirlo de alguna manera, impulsan nuestra trama.

Hay una especie de felicidad nostálgica que flota en el ambiente durante toda la película, como cuando recuerdas con mucha emoción un evento muy feliz con alguien que a lo mejor ya no está o simplemente porque las cosas han cambiado mucho, pero uno sabe que eso se supone que pase, por más que las personas generalmente nos aferremos a las cosas con tanta fuerza, provocándonos sufrimiento de más.

En fin, las relaciones humanas son complejas y cuando creemos que hemos logrado entender a una persona, cambia. Tampoco es para irnos directo a cortar las venas, la gente cambia, uno cambia, las cosas cambian. ¿Y si lo aceptamos con más calma? Habrá que darle una oportunidad, igual y hasta Mélanie Laurent se enamora de uno.

 

Por cierto, deberían de darle un premio por a quién escribió los subtítulos de Arthur, el  terrier Jack Russell, que también hace un gran papel. Un abrazo a todos

 


La disculpa.

Les dejo el anotojo de la noche.
Porque mi mente esta incampacitada para escribir algo congruente.